Atlas – Diario de Viaje en Georgia

Ayer domingo era mi segundo día en Georgia, y gracias a mi guía, pudimos acceder a la Iglesia de Santa Nina, para experimentar mi primera sensación en un oficio ortodoxo. Después,nos encontramos con Zurab y Lasha, dos componentes del coro nacional de Georgia, Ensemble Basiani. Gracias a la infinita ayuda de mi amigo Polo Vallejo, quien desde hace varios meses, se ha involucrado en esto de manera incluso paternal, y ha conseguido transmitir a estos grandes músicos lo importante que seria para mi, poder acompañarles. Nos invitaron a la iglesia de Kiketi, un pequeño pueblo al sur de Tbilisi. En ella pude grabar y fotografiar la maravillosa misa cantada.

Kiketi - catedral de Ekvtime Takaishvili

Kiketi – catedral de Ekvtime Takaishvili

Por la tarde, mi guía, Tamara, había pedido a un amigo que nos llevara al monasterio de Jvari, y su leyenda cuenta que antes de construir una iglesia en esa cima de la montaña, había una cruz a la que respetaba todos los habitantes del Cáucaso. Construyeron la iglesia de piedra en el siglo VI. Desde la iglesia se ve la antigua capital de Georgia, Mtskheta. El monasterio Jvari con la ciudad esta en la lista del patrimonio de UNESCO.

 

Grabando “Mravaljamier” en la catedral

Bajamos entonces a visitar Mtskheta y su catedral Svetitskhoveli, (la columna vivificante). Es el lugar donde está enterrado el manto sagrado de Jesucristo, traído desde Jerusalem, convirtiendo a ésta en la segunda “tierra santa” después de la mencionada Jerusalem.

El día siguiente

De camino hacia Kazbegi

De camino hacia Kazbegi

Jvicha - el chofer de Kazbegi, con la gorra de Atlas

Jvicha – el chofer de Kazbegi, con la gorra de Atlas

Me despierto a las 07.00 am, he quedado con Tamara en el metro para coger un minibus (marshutka) hasta un pequeño pueblo al norte de Georgia, frontera con Rusia, Kazbegi. Dos horas y media por carretera comarcal cruzando el gran Cáucaso, mucho bote y más curvas, por cierto, pero con mini parada en la que una anciana me pregunta si mi abuelo es tan guapo como yo, llegamos al destino. Allí nos espera Khvisha (chofer amigo de Tamara) que nos llevará a casa de Baya para grabar cómo cocina los pasteles de carne (Khinkali) y una especia de pizza rellena de queso y puré de patatas (Khabizgina).
Después de esta maravillosa experiencia culinaria, cogemos el buga 4×4 y subimos hasta 2.200 m para contemplar uno de los templos más bellos que he visto jamás. Allí, y con grabadora y cascos puestos, el cura ortodoxo se me acerca para preguntarme qué hago!! Tamara rápidamente le explica que estoy grabando sonidos por Georgia, y él, pregunta que qué sonidos estoy grabando, ya que allí había un silencio casi absoluto, pero me metí en su conversación intuyendo que hablaban de mis menesteres, le dejé los cascos al señor cura de barba larguísima y sus ojos se abrieron como platos, al descubrir tantísima cantidad de sonidos que había en el ambiente; micro sonidos que pudo sentir al pasarle yo mi mano y acariciar su túnica negra. Una sonrisa y un ademán de respeto, me regalaron uno de esos momentos que nunca olvidaré.
Volvimos a bajar después a casa de Baya, la señora cocinera de la casita humilde en medio de las montañas. Allí pudimos comer lo que habíamos cocinado, Tamara, nuestro amigo el chofer y yo, sin olvidar los brindis con esa bebida típica y casera llamada chacha de unos 40% de alcohol, con el que hemos brindado por nuestros destinos, por nuestro encuentro y por la hospitalidad Georgiana a la que estaré siempre agradecido.
No hacen sentirme como un turista, me han ayudado e incluido en sus costumbres más antiguas de una manera amable, cariñosa y siempre sonriendo, a este chico con pelos raros y cacharros indescriptibles.
Justo antes de llegar a Tbilisi aparece un complejo de la época feudal, castillo, dos iglesias y una torre en el patio, llamado Ananuri, a orillas del embalse de Jinvali, hemos parado para visitarlo y grabar algo de su interior, y entonces me he dado cuenta que hoy ha sido mi tercer día, y después de tantas emociones, es como si llevara aquí un mes… Sin embargo, deseo que esto, no acabe nunca.

Ananuri

Ananuri

Enlace de apoyos. Ánimo amigos!!

Día siguiente

Esta mañana han venido a recogerme Tamara y su amigo Giorgi, para ir en coche a poco mas de 100 km hacia el este y poder vivir la experiencia de la supra. Desde que llegué estuve priorizando sobre las cosas que quería grabar y visitar. Es una comida con cantantes de polifonías típicas en la que los invitados serán parte de los solemnes brindis ofrecidos por el tamada o maestro de ceremonias.
Aprovechando la visita a esta zona, hemos llegado en primer lugar al monasterio de Bodbe, donde se encuentra la tumba de Santa Nina. Después hemos bajado a la fuente de Santa Nina, en la que si compras una túnica blanca, puedes bañarte y sumergiéndote tres veces, purificas tu alma. Después de recoger los sonidos, hemos pasado por Sighnaghi; una ciudad pequeña en lo más alto de un monte. Hemos paseado y visitado un pequeño mercado en un edificio de la época soviética, en el que un abuelo me ha llenado un baso de un Brandi que hacía él mismo, y he podido comprobar la seriedad del asunto y la quemazón de mi esófago.

Jinkali - plato típico de Georgia

Jinkali – plato típico de Georgia

A las 15:00 h. hemos ido a Gurjaani, que era el pueblo en el que teníamos la comida con los músicos. En la puerta de la casa nos esperaba un hombre que nos acompañó al interior, en él había un patio precioso, y pasado el patio, una puerta de madera en la que se podían atisbar unas barricas. La familia Gurjaani, son fabricantes de vino, y he podido charlar un poco sobre sus métodos de tiempos de embotellado, si criaban o no en barrica, etc. En Georgia se han encontrado vasijas con restos de uva fermentada del siglo IV antes de Cristo, así que por tradición, son un pueblo vinatero y efectivamente, sus caldos, tanto blanco como tinto, tenían carácter aunque esta vez, el colofón de la cata sería un coñac de 20 años, que me lo he bebido sin piedad alguna, ya que uno, tiene esa falta.

El mirador de Mleta

El mirador de Mleta

Después de esta introducción, en el patio nos esperaban los tres músicos vestidos con el traje típico georgiano, bien ceñido y su sable adornando una indumentaria guerrera tan antigua que ni ellos saben cuantos siglos lleva acompañándoles. Nos hemos sentado a la mesa, yo he colocado el sistema de grabación rodeando la mesa y he procurado no hablar nada para no interferir en una típica comida georgiana, salvo las traducciones de Tamara al español para que así, todos entendáis las partes más importantes, que son los brindis. Llevábamos unos 10 minutos comiendo cuando uno de ellos levantó su copa, entonces, entendía que se acercaba lo bueno, íbamos a brindar!! Y no me decepcionó su primer brindis, algo profundo, sincero y lleno del orgullo de alguien que ama su cultura y sus costumbres. Pero para lo que no estaba preparado era para lo que segundos después, pasaría. Aunque esto, os lo contaré en el libro, pero recordad este capítulo “La Supra” porque ha sido algo que me ha sacado de dentro sentimientos arraigados. Dos horas de comida, música y brindis donde los sonidos me han hecho llorar.

Nunca imaginé que el sonido de un brindis sería tan bello, hasta que te bebes una jarra de vino, por supuesto…

Texto y fotos de: Antonio Chavez

Fuentes:

Página de facebook de “Atlas”

https://www.facebook.com/atlassonoro

http://libros.com/crowdfunding/atlas/

Página de Facebook de Tamara  

(La fundadora de Caucasiana Tours) 

https://www.facebook.com/CaucasianaTours

 

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