Del Mar Caspio al Mar Negro en BTT

martes, 13 de octubre de 2015

 Entramos en Georgia sin muchos problemas, para ello no hizo falta visado ni ningún otro trámite adicional, en la misma frontera nos sacaron una foto con la webcam y nos pusieron nuestro sellito en el pasaporte, que siempre hace ilusión, pero realmente no notamos mucha diferencia con lo que dejamos atrás. Seguían conduciendo igual de mal y el ambiente es más bien rural, así que, en un inicio, parecía que seguíamos en el mismo país, y los paisajes y pueblos que veíamos a nuestro paso aún nos recordaban al país que habíamos dejado atrás.
Primeros compases en Georgia

Primeros compases en Georgia

En Georgia la sensación es que hay muchas más cosas que ver, en gran medida porque hay mucho más turismo, por lo que los sitios de interés están marcados y explotados, además de existir muchísima más información en Internet o libros.
En esta primera jornada no vimos mucho más que la frontera y algún pequeño pueblo, ya que paramos a los pocos kilómetros en la “ciudad” de Kvareli.  Cuando salimos a dar una vuelta vimos lo que iba a ser una generalidad en Georgia, cierto ambiente de decadencia debido en su mayor parte a la gran cantidad de edificios de época rusa abandonados y la falta de mantenimiento de las infraestructuras en general, todas ellas muy antiguas.
Teatro abandonado en Kvareli

Teatro abandonado en Kvareli

Pero todas la ciudades esconden algo y esta no iba a ser diferente, por un lado localizamos el recinto amurallado, cuyo interior han aprovechado para montar el campo de fútbol. Por otro, nos pegamos una de las mejores cenas del viaje en un restaurante pegado a las murallas, con vino de la zona y una comida excelente, en general la comida georgiana es muy buena y más acorde con los sabores a los que estamos aconstumbrados, en este aspecto sí notamos una gran diferencia respecto a Azerbaiyán.
Recinto amurallado de Kvareli

Recinto amurallado de Kvareli


Nuestros primeros pedaleos en el país los dirigimos hacia la zona que rodea a la ciudad de Telavi, donde se agrupan un buen número de monasterios ortodoxos que bien merecen una visita, así que en la misma jornada nos acercamos a Gremi (aunque sus restos solo los vimos desde fuera), que fue la capital de Kakheti entre los siglos XVI y XVII; al Monasterio de Nekresi construido en el siglo IV y donde un “simpático” monje ayudó de forma muy servicial a Iván y sin embargo pasó de mí, ni me saludó, me quedé con cara de tonta; la Catedral de Alaverdi, construida en el siglo XI; y, por último, nos acercamos al más solitario Monasterio de Ikalto, fundado por Zenón en el siglo VI, el cual es muy interesante porque 600 años después el rey David “el Constructor”, rey que volverá a aparecer, estableció una Academia Neoplatónica en este lugar.
Gremi

Gremi

Monasterio de Nekresi

Monasterio de Nekresi

 

 Catedral de Alaverdi

Catedral de Alaverdi

Monasterio de Ikalto

Monasterio de Ikalto

Tumba de Zenón

Tumba de Zenón

Por el camino también pudimos disfrutar de algunas pinceladas de la vida rural de la zona, y ver algunas curiosidades en un día ideal para la bicicleta, por una carretera con poco tráfico que nos permitió relajarnos un poco.

Colmenas

Colmenas

Telavi también tiene su encanto y buenos sitios para comer, además pudimos presenciar en primer plano una pelea y cómo actúan las fuerzas del orden por aquí, y no se andan con tonterías, pero en general el país es muy tranquilo, si exceptuamos el detalle de cómo conducen, claro.
Nuestros siguientes kilómetros nos tenían que llevar a la capital, Tbilisi (nombre que no he conseguido llegar  pronunciar correctamente), para ello, y con el objetivo de evitar las carreteras principales, por razones obvias, decidimos subir por una carretera secundaria de montaña, lo que nos daría la oportunidad de visitar el Monasterio de Shuamta, el cual realmente son dos monasterios, un Monasterio nuevo, fundado en el siglo XVI por la reina Tinatin de Kakhetian.
Monasterio nuevo de Shuamta

Monasterio nuevo de Shuamta

Y si subimos otros 2 kilómetros llegaremos al Monasterio antiguo de Shuamta, fundado en el siglo V. Subiendo nos encontramos con una auténtica jauría de perros y, sinceramente, nos lo pensamos porque no parecían muy amistosos, al final decidimos bajarnos de las bicis, porque lo que parece que les asusta son las bicis en sí mismas, y finalmente pasamos sin problemas. A lo largo del viaje en Georgia el problema de los perros sería incluso peor que en Azerbaiyán, porque están abandonados y se unen formando manadas, y se tiran a por la bici, no llegamos a tener problemas graves, pero sí algunos momentos de cierto estrés y algún que otro sprint.
Monasterio antiguo de Shuamta

Monasterio antiguo de Shuamta

Después de esta visita nos quedaba por delante una larga y dura subida de 25 kilómetros para llegar al Paso de Gombori a 1620 m, durante la que nos encontramos a otros tres ciclistas que se dirigían a China. Por el camino pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares.
 Vistas durante la subida al Paso de Gombori

Vistas durante la subida al Paso de Gombori

 Paso de Gombori (1620 m)

Paso de Gombori (1620 m)

La entrada a Tbilisi resultó muy caótica y peligrosa, ya que hay que coger carreteras grandes con mucho tráfico, aunque menos que la salida de Baku, pero puede haber influido en esta percepción que uno se va a costumbrando. A pesar de ello una vez establecidos resultó ser una ciudad moderna y agradable, aunque un poco ruidosa con tanto pitido, un mal del país. Los alojamientos resultan algo más caro, pero bueno, hay que parar y descansar. Una buena comida y un poco de cultura siempre vienen bien.
Vista general del centro de Tbilisi

Vista general del centro de Tbilisi

En la capital hay varias cosas por visitar. La parte nueva tiene calles anchas que nos hacen pensar por algunos momentos que estamos en Madrid.
Calles de Tbilisi

Calles de Tbilisi

La parte antigua está vigilada por la Fortaleza de Nariqala donde se pueden dar agradables paseos, además los antiguos baños, aún en uso, es un buen sitio para pasar la tarde, desde aquí se accede a una especie de cañón recorrido por un arroyo con una cascada al final del recorrido, que estaba atestado de gente y de parejas de recién casados para hacerse fotos, así que al final me saqué la foto con novios inlcuidos.
Antiguos baños

Antiguos baños

Pero lo que más me gustó, aunque esto es una cuestión de gustos, fue el Museo de Georgia, donde se pueden ver los restos humanos encontrados en el yacimiento de Dmanisi, al sur del país, y que han suscitado cierta polémica en su interpretación.

Restos humanos del yacimiento de Dmanisi

Restos humanos del yacimiento de Dmanisi

Piezas del "Tesoro"

Piezas del “Tesoro”

Para completar la visita había un par de exposiciones, una de ellas en relación al papel de los georgianos en la II Guerra Mundial y otra sobre el periodo de dominación rusa.

Abandonamos la capital y nos dirigimos a Gori por carreteras secundarias, pasando por Mtskheta, un pueblo empedrado y muy bien conservado. Aquí preguntamos en la oficina de turismo para dejarles nuestras bicis a buen recaudo y poder visitar la Catedral de Svetitskhoveli (a ver si alguien logra pronunciar esto), conocido como el corazón espiritual de Georgia, junto con la cercana Iglesia de Jvari, que no visitamos porque había un desnivel más que considerable.

 Catedral de Svetitskhoveli

Catedral de Svetitskhoveli

Para entrar, como en la mayoría de monasterios e iglesias del país, es obligatorio que las mujeres vayan con falda larga o ponerse una especie de tela imitando a una falda (a las mujeres no se les permite el paso ni con pantalones largos) y un pañuelo en la cabeza. A los hombres no se les permite entrar con pantalones cortos y hay una especie de pantalones anchos para que se puedan usar, aunque estas normas son generales, luego dependía mucho del sitio.

El interior de la catedral es muy espectacular, ya que, como en la mayoría de las iglesias, hay unas pinturas murales impresionantes, en algunos casos inlcuso extravagantes por los colores utilizados.

 Catedral de Svetitskhoveli. Interior

Catedral de Svetitskhoveli. Interior

En nuestro camino a Gori nos pasó algo curioso, había un grupo de chicos en medio de…la nada, y nos llamaron, así que nos paramos y nos pidieron que les dejásemos una de las bicis, la verdad es que yo, desconfianza de europeo, llegué a pensar que la iban a meter en el coche y adiós bici, pero no, resulta que estaban grabando un videoclip y debieron tener una idea feliz al vernos. Luego pensé que lo mismo era un artista conocido del país, ahí va la foto del grupo por si alguien les reconoce. La verdad es que fueron muy simpáticos.
Iván y..¿el grupo musical?

Iván y..¿el grupo musical?

A lo largo del camino se puede encontrar grupos de hombres, porque mujeres no vimos, jugando a al backgammon, o algo similar.

Hombres jugando al Backgammon

Hombres jugando al Backgammon


En Gori nos tomamos un día de descanso por dos razones principales. Muy cerca se encuentra la ciudad excavada de Uplistsikhey es la ciudad natal de Stalin, razones suficientes para un par de curiosos sin remedio.Para llegar a la ciudad de Uplistsikhe, decidimos arriesgarnos y coger una marshrutka (una especie de minibus que hace recorridos entre pueblos) que nos dejó en el pueblo, desde ahí hay que andar unos 2 kilómetros hasta el yacimiento, pero eso no es nada para nosotros y nos los recorrimos andando.
 Marshrutka a Uplistsikhe

Marshrutka a Uplistsikhe

La historia de Uplistsikhe se remonta al siglo VI a. C y perdura en el tiempo, siendo un importante centro precristiano y llegando a ser la residencia de los reyes cristianos de Kartli a partir del siglo VII d. C, y llegando a dar cobijo a 20.000 almas. El ocaso de la ciudad llegó a partir del siglo XII y su destrucción total se produjo con la invasión de los mongoles en el año 1240.

Introducirse en sus edificios, imaginar cómo debió de ser la vida de las personas que aquí habitaron y el inmenso trabajo que conllevó realizar estas construcciones en la roca, es algo que me causa una intensa emoción, no lo puedo evitar.

En algunos de los edificios podemos observar la decoración existente en el interior de los edificios simulando columnas o techos con vigas de madera.

Hay una ausencia casi total de carteles informativos, además en la entrada no dan ningún mapa, por lo que es dificil hacerse a la idea de lo que se está viendo en cada momento. En el Lonely Planet hay una breve descripción, pero en muchas ocasiones resulta insuficiente, ya que no hay mapa para situar los edificios de los que habla, y es una pena porque seguro que resultaría mucho más intresante con algo de información adicional.

De vuelta al pueblo, para coger la marshrutka, vimos un bar con terraza y ahí nos quedamos a bebernos un par de cervezas, que aquí no son más pequeñas de medio litro, y a comernos un khachapuri de queso que estaba de muerte.

De vuelta en Gori nos dirigimos al Museo de Stalin, uno de los atractivos de la ciudad puesto que es su ciudad natal. Es más la curiosidad que otra cosa, ya que el museo resulta un poco “casposo” y demasiado ególatra.

Como curiosidad, en el exterior, se puede ver la casa natal de Stalin, que increíblemente conservan bajo un techo aunque el resto del edificio ha desaparecido, y el vagón en el cual se dirigió a la Conferencia de Yalta al finalizar la II Guerra Mundial. Además un aliciente importante para hacer de Gori un lugar de nuestro agrado, fue que encontramos una pastelería donde hacían unos dulces espectaculares.

Casa natal de Stalin

Casa natal de Stalin

En Gori decidimos cambiar nuestro itinerario inicial, que era dirigirnos a Kutaisi, para evitar la carretera principal, y decidimos dirigirnos hacia el sur, saliendo de Gori por carreteras secundarias, que minimizaban el tráfico y pasando por pequeñas aldeas.
Aunque alguna pega tenía que tener. De repente el asfalto desapareció y tuvimos algunos kilómetros de pista algo pedregosa con algunas rampitas.
Tramo sin asfaltar

Tramo sin asfaltar

Finalmente fuimos a parar a la carretera principal que nos lleva hacia la ciudad de Borjomi. En este tramo tenemos algo más de tráfico, pero los paisajes compensan en algo los pitidos, el humo y la velocidad de algunos, ya que nos adentramos en una zona mucho más montañosa y húmeda, donde el verde va ganando terreno por momentos. La pena es que la ciudad de Borjomi estropea un poco el entorno, lo bueno, que comimos muy bien.
 
Camino de Borjomi

Camino de Borjomi

Desde Borjomi seguimos por la carretera principal y aprovechamos para desviarnos y ver el Monasterio Verde, la verdad es que no habíamos leído nada sobre este monasterio pero con ese nombre..y nos sorprendió, hay un par de kilómetros de subida por pista, entre un tupido bosque para llegar a un monasterio tan bonito como el entorno en el que se encuentra.
Monasterio Verde

Monasterio Verde

Esta sería la única visita de este tramo, aunque pasamos por pequeños pueblos donde la agricultura y la ganadería parecen seguir siendo la principal actividad.
El tramo entre Borjomi y nuestro destino del día, Akhaltsikhe, es muy relajado, sin mucho desnivel y apenas 50 kilómetros. En Akhaltsikhe hay poco que ver a excepción de la fortaleza que vigila la ciudad, casi todo está reconstruido, pero es un buen sitio para pasear porque está muy cuidado. La pega del sitio es que hay que pagar 7 laris para entrar, los extranjeros pagan más, así es la vida.
 
Por la noche repetimos con el khachapuri de queso y las cervezas, nuestra combinación preferida durante nuestra estancia en Georgia.
Centro de Akhaltsikhe

Centro de Akhaltsikhe

En esta ciudad, de nuevo, nos tomamos un día para acercarnos a ver la ciudad excavada de Vardzia. Ppara ir nos arriesgamos a coger un taxi, pasé casi más miedo en ese taxi que en la bici, ¡¡vaya adelantamientos!!. La ciudad excavada de Vardzia tiene su origen en el monasterio fundado en el siglo XII que llegó a albergar aa 2000 monjes en sus cuevas excavadas. Actualmente hay una pequeña comunidad de monjes que habitan en el complejo.
Vista general de Vardzia

Vista general de Vardzia

 Cuevas de Vardzia

Cuevas de Vardzia

Las cuevas son bastante simples, sin apenas decoración, pero desde las cuales hay unas vistas espectaculares hacia el valle que nos rodea.
Vistas desde las cuevas
Impresiona, ya que hay cientos de cuevas excavadas y conectadas a través de un laberinto de escaleras desgastadas por el paso del tiempo.
Interior de una de las cuevas

Interior de una de las cuevas

El corazón de este complejo lo constituye la Iglesia de la Asunción con espectaculares frescos de finales del siglo XII.
 
Iglesia de la Asunción

Iglesia de la Asunción

Perderse un rato por el laberinto de pasillos es una gran experiencia. En el lateral de la iglesia existe la entrada a un túnel que nos lleva por el corazón de la montaña a otras dependencias, un sitio ideal para perderse por sus rincones.
De regreso hicimos una pequeña parada para maravillarnos con el profundo valle por el que circulábamos, y que con la velocidad casi no habíamos podido disfrutar a la ida, y también para una rápida visita a la Fortaleza de Khertvisi.
Vistas del profundo valle

Vistas del profundo valle

Fortaleza de Khertvisi

Fortaleza de Khertvisi

Después de tanto relax venía la parte dura del recorrido, y la siguiente jornada “bicicletera” nos llevaría a enfrentarnos a la mayor altura de todo nuestro viaje. Inicialmente nos dirigimos hacia el pueblo de Adigeni por asfalto sin mucho desnivel, por un valle agradable.
Camino de Adigeni

Camino de Adigeni

El asfalto nos lleva hasta el Monasterio de Zarzma, uno de esos lugares alejados del turismo, tranquilo y donde pudimos entrar sin necesidad de pañuelo ni falda, y hasta el monje nos saludó, todo un alarde de simpatía a la que no nos tenían acostumbrados.
Monasterio de Zarzma

Monasterio de Zarzma

 
El interior conserva unos frescos espectaculares.
Interior del Monasterio de Zarzma

Interior del Monasterio de Zarzma

 A partir de aquí abandonamos el asfalto y nos adentramos en zona montañosa por una pista ancha, que en su día debió ser una carrtera, y que nos llevó a una larguísima ascensión, rodeados de bosques y con vistas increíbles, naturaleza en estado puro, recorriendo estas montañas conocidas como el Pequeño Caúcaso.
Inicio de la pista

Inicio de la pista

 
Seguimos subiendo

Seguimos subiendo

Durante la subida nos pasó algún coche e inlcuso una furgoneta se ofreció a llevarnos mediante señas, cuando rechazamos el ofrecimiento el pobre hombre ponía cara de incredulidad, vamos que no lo entendía. Yo reconozco que hubo un momento en que estuve a punto de decirle que aceptaba, aunque me hubiera perdido la posibilidad de disfrutar de la emoción de la llegada.
En la subida nos encontramos con otros dos ciclistas en sentido contrario que, como el resto que habíamos visto durante este recorrido, se dirigían a Irán y llevaban unos 6 meses de viaje, admirable.
Increíblemente en la parte más alta, nos encontramos con lo que parece un pueblo algo destartalado, cierto que no vimos mucha gente, pero el “pueblo” está a casi 2000 metros.
Y tras una buena dosis de esfuerzo y de sufrimiento llegamos al puerto, el punto más alto de toda nuestra ruta, el Paso de Goderzi una altitud de 2025 m, y justo aquí nos fuimos a encontrar con un georgiano que había vivido en España, concretamente en el País Vasco, muy simpático y que nos invitó a las bebidas.
Paso de Goderzi (2025 m)

Paso de Goderzi (2025 m)

Después del puerto nos las prometíamos muy felices con una bajada larga y cómoda, y larga fue, pero la pista estaba horriblemente mal y llena de piedras, lo que limitaba la velocidad que podíamos coger y nos obligó a estar muy pendientes. Hubo que tomárselo con calma y hacer alguna parada para relajar los brazos.
Paisaje durante la bajada

Paisaje durante la bajada

Esta jornada se hizo eterna, ya que llegando a Khulo nos encontramos con la sorpresa de que nos tocaba subir de nuevo, a lo que se añadió que estaban en obras, supuestamente haciendo de la pista una carretera, con lo que nos tocó comer polvo. La llegada a Khulo fue algo decepcionante, porque después de los paisajes de la jornada, llegamos a un pueblo sin apenas luz, donde no encontramos ningún sitio donde darnos un homenaje culinario, una pena.La salida de Khulo al día siguiente la realizamos con una mezcla de sentimientos, por un lado sabíamos que iba a ser una jornada de las fáciles ya que íbamos a terminar en la costa, por otro lado la pena de saber que el viaje, la aventura, llegaba a su fin. Después de tantos preparativos, tantas tardes mirando el mapa, esto llegaba a su fin. A pesar de todo, disfrutamos de la jornada, como no podía ser de otra manera, con bonitas postales.

Paisajes durante la bajada

Paisajes durante la bajada

También nos tropezamos con alguna “caravana” en medio de la carretera, por ser el último día no iban a dejar de pasar estas cosas.
Y siempre hay cosas interesantes que pararse a admirar, como los puentes históricos que jalonan el valle que seguíamos, además, para los interesados, vimos carteles indicando algunas rutas senderistas por la zona.
Puente de Dandalo

Puente de Dandalo

La llegada a Batumi, punto final de nuestra ruta, a orillas del Mar Negro, es mcuho más tranquila que la entrada de otras ciudades, y alcanzamos sin mucha dificultad la costa.
Mar Negro. Batumi

Mar Negro. Batumi

Aquí completamos nuestra aventura, conectando el Mar Caspio, salida desde Baku, con el Mar Negro, llegada en Batumi. Toda una experiencia, no solo de esfuerzo, que también, sino de superacion de las reticencias que, principalmente a mí, me hacían dudar de este destino, muy especialmente en relación a Azerbaiyán y que han resultado totalmente infundadas y basadas en un montón de ideas preconcebidas. El viaje nos deja un estupendo sabor de boca, las ganas de volver y muchas ganas de iniciar nuevas aventuras por este mundo lleno de sitios maravillosos y desconocidos.
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OTRAS VISITAS:

  

El recorrido finalmente nos llevó un par de días menos de lo esperado así que aprovechamos para visitar Kutaisi, como chicos valientes que somos nos arriesgamos, de nuevo, a coger una marshrutka para llegar a esta ciudad, toda una experiencia llena de emociones, ¡¡menudo viaje!!. En Kutaisi nos acercamos a ver la Catedral de Bragati, en la parte alta, un edificio impresionante, aunque ha perdido cierto encanto por estar muy reconstruido. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1994, pero su reconstrucción ha provocado que se incluya entre los edificios más amenazados por alteración de su autenticidad.

Catedral de Bragati. Kutaisi

Catedral de Bragati. Kutaisi

Compartiendo espacio podemos ver restos de la antigua fortaleza que existía en este lugar aunque quedan pocos restos.
Al día siguiente nos dirigimos al Monasterio de Gelati, declarado también Patrimonio de la Humanidad junto a la catedral, actualmente se encuentra en fase de restauración, esperemos que no sufra muchas “mejoras”.
Monasterio de Gelati

Monasterio de Gelati

Este monasterio fue la sede de una importante Academia donde se desarrollo una importante vida intelectual.  El edificio de la Academia fue techado como parte de las intervenciones realizadas.

 Academia. Edificio de la izquierda

Academia. Edificio de la izquierda

Pero sin duda, lo más impresionante de este Monasterio son los frescos existentes en su interior, impresionan aunque uno no quiera.

 

Interior

Interior

Además en este monasterio está enterrado el rey David el Constructor, que nos ha ido acompañando a lo largo de nuestro rcorrido por tierras georgianas, casi me emocionó descubrir su última morada, después de haber leído tanto sobre él.
Tumba de David el Constructor

Tumba de David el Constructor

A la salida intentamos llegar al Monasterio de Motsameta andando ya que parecía que había un camino para ello, pero quitando el cartel inicial no hay más indicaciones, así que tiramos hacia abajo y evidentemente era hacia arriba, porque llegamos directamente a la carretera, donde esperamos la marshrutka de vuelta a Kutaisi sin ver el monasterio, eso sí, el camino de bajada era muy bonito, con sombra y buenas vistas.

Bajando del Monasterio de Gelati

Bajando del Monasterio de Gelati

La vuelta a Batumi siguió la tónica de lo vivido en la ida y casi nos da un infarto con algún adelantamiento temerario, así que decidimos dedicarnos a mirar por la ventana e intentar disfrutar del paisaje.
El último día lo aprovechamos para disfrutar de un buen atardecer en la playa y andar un poco por el paseo marítimo de Batumi, intentando retener las sensaciones y viviencias de este viaje que tocaba a su fin.
 
Paseo marítimo de Batumi

Paseo marítimo de Batumi

Pero aún nos quedaba una última cosa por hacer. Como terminamos pronto de embalar las bicis nos acercamos al solitario Museo Arqueológico de Batumi, un museo pequeñito, pero interesante, con piezas que nos llevan desde la prehistoria hasta época medieval con interesantes piezas de la cultura Colchi, como el tesoro, piezas de época griega y romana.
 Puntas de flecha

Puntas de flecha

 
 Cerámica Colchi

Cerámica Colchi

 Pieza del "Tesoro"

Pieza del “Tesoro”

Y esto ya sí que fue el final del final, media hora después estábamos camino del aeropuerto, poniendo un punto final perfecto a un viaje indescriptible. Hay que vivirlo porque seguro que me he dejado muchas cosas que merecerían haber sido contadas, aunque lo mejor es descubrirlar por uno mismo.

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INFORMACIÓN PRÁCTICA:

  • Para entrar en Georgia no hace falta visado, supuestamente es suficiente con el DNI, pero yo me llevaría el pasaporte, por si acaso.
  • Transporte de las bicis. Volamos con Turkish Airlines, las bicicletas nos las facturaron como equipaje extra y nos cobraron 60 euros por cada una, a la ida y a la vuelta (vamos, que no es barato). Una de las bicis ha venido con un disco torcido por un golpe, pero bueno, cosas de los viajes.
  • En la frontera terrestre no tuvimos ningún problema, ni nos registraron ni nada de nada, sólo nos sacaron una foto, nos sellaron el pasaporte y andando, vamos, más fácil imposible.
  • Vacunas. En la página del Ministerio de Asuntos Exteriores podéis encontrar las vacunas necesarias, o bien en la página del Centro de Vacunación internacional. La verdad es que no piden casi ninguna, pero nosotros nos pusimos, de nuevo, la del tétanos y la de la Fiebre tifoidea, además nos dijeron que deberíamos habernos puesto la de la rabia, pero ya no nos dio tiempo (son tres dosis en un mes), y nos tendríamos que haber puesto, si no la tuviéramos puesta, la de la encefalitis (que también son tres dosis). Así que hay que ir con tiempo, para que podáis poneros todas las dosis necesarias.

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INFORMACIÓN ADICIONAL:

  • Para el viaje en general utilizamos el libro “Georgia, Armenia & Azerbaijan” de la editorial Lonelyplanet.
  • El mapa que utilizamos fue el de Kaukasus de la editorial Reise. Escala 1:650.000
  • El track de la ruta completa por Azerbaiyán y Georgia la podéis encontrar en: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10963001

Fuente http://busquedanuevoshorizontes.blogspot.com.es/2015/10/del-mar-caspio-al-mar-negro-en-btt-2.html

 

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