Es otra de las subidas clásicas de Kazbegi. Desdge la iglesia de Tsminda Sameba aún quedan cerca de 1000 metros de desnivel hasta alcanzar el Glaciar de Gergeti. Esta maravilla de la naturaleza tiene siete kilómetros de largo. Una vez que hayas tocado hielo, tómate una hora de descanso si quieres y comienza con el descanso para que no se te haga muy tarde. El trayecto es exigente y se tarda alrededor de 9 horas en subir y bajar, así que no te hagas el remolón y madruga

El Ascenso a Kazbegi

Cada año miles de montañeros intentan coronar los 5034 metros de Kazbeg. Aunque no es una cumbre restringida solo a profesionales, sí exige buena condición física, ir perfectamente equipado y un período de aclimatación en altura. Se recomienda contratar los servicios de un guía, sobre todo si no eres un montanero experimentado. Se tarda un torno a cuatro jornadas en alcanzar la cima y volver, es si las condiciones meteorológicas acompañan. Durante el primer día se asciende hasta la estación meteorológica a 3653 metros. La siguiente jornada suele ser de aclimatación y se acompaña con alguna ascensión por encima de los 4.000 metros. Durante la madrugada siguiente se ataca la cumbre y se regresa a la estación meteorológica. La última jornada, ya con más calma, se desciende hasta el pueblo de Kazbegi.

LA LEYENDA DE PROMETEO Y EL MONTE KAZBUI

El hombre siempre estará en deuda con el joven Prometeo. Según los griegos, robó el fuego a los dioses y se lo entregó a la humanidad. Cuando Zeus se enteró, le apresó e hizo que se lo llevaran al Cáucaso y le ataran con una cadena. Entonces envió una águila para ue le devorara el hígado. Como el titán  era inmortal, el órgano se regeneraba por la noche y al día siguiente  la rapazo volvía y se daba otro festín. Según los georgianos el lugar elegido por Zeus para forturar a Prometeo fue la cumbre del monte Kazbek. La historia es muy parecida a la leyenda de Amirani, el héroe nacional que desafió a Dios y que como castigo fue encadenado en la cima del monte Kazbek mientras un cuervo le alimentaba todos los ´dias a base de pan y vino. En cualquier caso, tanto el mito de Amirani como el de Prometeo son solo uno de los tantos tabúes que durante milenios rodearon la cima de este volcán extinguido, como por ejemplo la prohibición de cazar por sus laderas o de escalarlo. Por eso, no es de extrañar que hasta 1868 nadie hiciera cumbre. Ese mismo año, el alpinista Douglas Freshfield disió todas las supersticiones.

 

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