Viajar a armenia y georgia por libre – Diario de un viaje

Nos planteamos la visita a estos dos países por varios motivos. El primero es que desde hace años acariciamos la idea de hacer una Ruta de la Seda completa, desde Europa hasta China, y la región del Cáucaso estaría en uno de los itinerarios posibles; por esa razón queríamos conocer esos países poco visitados antes de emprender una aventura más larga. Otro motivo es que a mí me interesan ehttp://4.bp.blogspot.com/--_PyZczJ1ps/TZYtsYabPKI/AAAAAAAAABk/_aSz_aaOYKs/s640/ruka.jpgspecialmente las montañas y en ese sentido toda la vertiente sur del Cáucaso, con vistas sobre impresionantes cordilleras, me resultaba muy tentadora. Por último, a los dos nos atrae el contacto con pueblos y sociedades más auténticas, poco maleadas por la influencia del turismo de masas, lo que les permite conservar una cultura y unas formas de vida genuinas.

 

Hubiéramos preferido incluir algo de Azerbaiyán en el circuito, pero lo descartamos por falta de tiempo. Aunque las distancias dentro de la región no son largas, lo cierto es que 3 semanas nunca dan para mucho; en este caso nos dio para recorrer partes de Georgia en 2 semanas y nos quedó la tercera para ver algo de la región norte de Armenia.

El balance fue muy positivo. Ambos países son fáciles de visitar y ofrecen una combinación interesante de naturaleza y patrimonio cultural. Si bien es cierto que los georgianos se muestran algo hoscos y el clima social del país es más bien pesimista a causa de las dificultades económicas y de las difíciles relaciones con sus vecinos rusos, por otra parte conservan una cultura tradicional muy viva, basada en los vínculos familiares y en la devoción cristiana (Georgia y Armenia fueron las primeras naciones en convertirse oficialmente al cristianismo); además son en el fondo un pueblo hospitalario, les encanta divertirse y sobre todo se sienten muy apegados a su Historia, como prueba la gran cantidad de leyendas antiguas que perviven en cada rincón del país. Los armenios por su parte son un pueblo muy pragmático, se suelen mostrar amables y abiertos a todo el mundo pero también en el fondo son más interesados y olfatean el negocio en cada ocasión.

Ficha técnica del viaje

Fechas del viaje

Del 15 de abril al 6 de mayo de 2011.

Itinerario

Día 1: Zaragoza – Madrid – Praga – Tbilisi (Georgia)
Días 2-4: Tbilisi
Día 5: Tbilisi – Mtskheta – Telavi
Día 6: Telavi – Sighnaghi
Día 7: Sighnaghi – Gori
Día 8: Gori – Borjomi
Día 9: Borjomi – Vardzia – Borjomi
Día 10: Borjomi – Kutaisi
Día 11: Kutaisi – Mestia
Días 12-13: Mestia / región de Svanetia
Día 14: Mestia – Akhaltsikhe
Día 15: Akhaltsikhe – Gyumri (Armenia) – Erevan
Días 16-17: Erevan
Día 18: Erevan – Dilijan
Día 19: Dilijan – Alaverdi
Día 20: Alaverdi
Día 21: Alaverdi – Tbilisi (Georgia)
Días 22-23: Tbilisi – Praga – Madrid – Zaragoza

Moneda y costes

Durante nuestro paso por la región, el euro se cambiaba en Georgia por entre 2,20 y 2,40 lari (GEL) y en Armenia por unos 500 dram (AMD). En las capitales y ciudades importantes de ambos países abundan las casas de cambio privadas y también los cajeros automáticos. En Armenia además se puede cambiar en alguna que otra tienda por una tasa un poco superior.

En cuanto a costes, se puede decir que la comida y el transporte son muy asequibles en ambos países. El alojamiento es otra cuestión, sobre todo en Erevan los hoteles son caros y se llenan con frecuencia, y las habitaciones en casas particulares tampoco son ningún chollo. En Tbilisi hay hoteles relativamente baratos que no están mal.

En las regiones rurales de ambos países se suelen encontrar casas de huéspedes autorizadas por el Ministerio de Turismo. La calidad de las instalaciones varía bastante de unas a otras, pero hay que conformarse porque muchas veces son la única opción disponible.

Gastos del viaje

+ 60 € (AVE i/v entre Zaragoza y Madrid)
+ 304 € (vuelo Madrid – Tbilisi – Madrid)
+ 647 € (gastos en Georgia, 15 días)
+ 322 € (gastos en Armenia, 6 días)
= 1.393 € (total gasto viaje por persona)

Visado

En Georgia los ciudadanos de la UE podemos entrar sin visado y permanecer en el país bastante tiempo (creo que hasta 1 año). Esto es válido para las entradas por el aeropuerto de Tbilisi y las fronteras terrestres con Azerbaiyán y Armenia. Las fronteras entre Georgia y las repúblicas de la Federación Rusa (Chechenia, Daguestán, etc.) están cerradas para los extranjeros y hay que tener esto en cuenta a la hora de planificar excursiones por las montañas del Cáucaso.

Para entrar en Armenia sí hace falta visado, pero es un trámite sencillo que se realiza en las fronteras y en el aeropuerto. Nosotros entramos desde Georgia, por el puesto de Bavra, donde nos extendieron en 5 minutos un visado válido para 21 días a cambio de 3.000 dram (6 €).

Recordad que la frontera con Turquía está cerrada para todo el mundo, el viaje entre ambos paises pasa forzosamente por territorrio georgiano. Tampoco hay que olvidar que las antiguas repúblicas autónomas de Abjasia, Osetia del Sur y Nagorno-Karabaj se han autoproclamado estados independientes y tienen sus propias regulaciones sobre visados.

Transporte y horarios

En general los transportes son frecuentes, pero en la mayoría de las rutas no operan autobuses sino furgonetas. En todas las repúblicas de la antigua URSS estas furgonetas han conservado su nombre en ruso: marchrutka. Casi siempre salen de estaciones (Vakzal en ruso), pero pueden ser abordadas dentro de su recorrido urbano o en cualquier punto de la carretera; si hay plazas libres se detendrán, si no seguirán su camino. En algunas rutas se usan también taxis compartidos y sólo en las más importantes hay autobuses, como por ejemplo de Tbilisi a Batumi y de Tbilisi a Bakú.

Los trenes no los utilizamos para nada, en general son mucho más lentos y menos frecuentes que las marchrutkas. A pesar de eso hay rutas que son útiles para algunos viajeros, por ejemplo el tren nocturno de Tbilisi a Zugdidi permite llegar a Svanetia a una hora temprana. También son útiles los servicios internacionales, es decir desde Tbilisi a Erevan y a Bakú.

¨Marshutka¨ el transporte más usado en Tbilisi

¨Marshutka¨ (Furgoneta en ruso) el transporte más usado en Tbilisi

 

Donde no llegan las marchrutkas o sólo hay un servicio al día se pueden alquilar taxis privados, se gana tiempo al incluir varias visitas en una sola excursión y son baratos en comparación con España. Por unos 30 € se puede hacer una excursión larga de 5 o 6 horas.

Seguridad

La seguridad era muy alta en ambos países en la época en que nosotros los visitamos, aunque eso puede cambiar según la situación política. En las capitales conviene estar alerta frente a descuideros y carteristas en los lugares más concurridos (mercados y estaciones de autobuses) y de noche es mejor desplazarse en taxi, pero no hay que obsesionarse, probablemente sean las 2 capitales más seguras de Europa.

La remota y aislada región de Svanetia fue durante siglos famosa por sus bandidos y por la fiereza de su gente. Se supone que el bandidaje y el contrabando nunca fueron totalmente erradicados durante la era soviética y han pervivido hasta nuestro días, pero lo cierto es que la mayoría de criminales locales hace tiempo que emigraron a países más ricos. El más famoso de todos lleva una temporada encarcelado en España.

Svaneti

Svaneti

 

No hay que tener miedo a aventurarse por las regiones de alta montaña, incluso sin guías locales; la gente es muy hospitalaria y muchos os dejarán acampar en sus propiedades u os ofrecerán sus casas gratis o por una tasa módica. El único riesgo es que os obliguen a beber grandes cantidades de vino o vodka, porque los georgianos son extremadamente aficionados a beber en sociedad.

Cima

Son países muy montañosos y hay que estar preparados para climas húmedos y fríos. En las regiones del Cáucaso la nieve perdura hasta el final de la primavera y aún con tiempo seco las noches son bastante frías. En la costa del Mar Negro y en las regiones menos altas de Armenia puede hacer mucho calor en verano; el resto de las regiones son lluviosas la mayor parte del año.

Diferencia horaria y horarios

Georgia y Armenia tienen la hora GMT +4 y por tanto son tres horas más que en España. La diferencia es que Armenia adelanta 1 hora en horario de verano y se pone en la GMT +5. Por eso cuando nosotros pasamos de un país a otro cambiamos de hora.

En cuanto a los horarios comerciales, son muy similares a los del resto de Europa. Una ventaja es que los restaurantes tienen la cocina abierta durante todo el día. En Erevan, por ejemplo, abren de 11 a 23h y a veces es bueno evitar la hora de mayor afluencia porque cuando están vacíos el servicio es mejor.

 DIARIO DE VIAJE A GEORGIA: Ruta TBILISI, MTSKHETA, TELAVI, SIGHNAGHI Y GORI

Día 1: Zaragoza – Madrid – Praga – TBILISI (Georgia)

Cogemos a las 8:30 h el AVE de Zaragoza a Madrid. A las 12:30 h sale el vuelo Madrid-Praga. En la fila de facturación deCzech Airlines nos percatamos de que la mayoría de los pasajeros son turistas españoles en viajes organizados a Armenia.

El tránsito en el aeropuerto de Praga dura 4 horas, tiempo que aprovechamos para comprar el billete combinado autobús-metro y desplazarnos hasta la plaza Starometska (aprox. 40 minutos), en el centro de Praga, a ver el ambiente de Semana Santa. La plaza esta llena de puestos de comida y de venta de huevos de Pascua, también hay un escenario al que suben a cantar corales de aficionados.

A las 21:15 sale el avión con destino a Tbilisi. Llegamos a las 4 de la madrugada y cogemos un taxi (30 GEL) para ir al hotel que hemos reservado por Internet.

Aeropuerto Tbilisi

Aeropuerto Tbilisi

 

Día 2: TBILISI

Nos levantamos tarde, desayunamos y a las 11h salimos a visitar la ciudad. El hotel está en el barrio de Sololaki, una franja de viejas calles pegadas al pie de la colina Narikala. En 10 minutos a pie llegamos a Tavisuplebis moedani (Plaza de la Libertad) que es el centro de la ciudad moderna.

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En el Ayuntamiento funciona una oficina de turismo, disponen de

Centro de información turística

Centro de información turística

 

muchos folletos en colores de todas las regiones del país, pero los jóvenes que atienden en inglés no parecen muy enterados de la vida cultural de la ciudad. Pronto comprobaremos que los principales activos culturales de Tbilisi (un par de museos y la Ópera) están cerrados por unas obras que podrían durar muchos años.

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Avenida Rustaveli

Recorremos la Avenida Rustaveli, que es el principal bulevar de la ciudad desde la época de los zares y conserva edificios de distintos periodos. El Parlamento es un enorme complejo de estilo estalinista, construido en la década de 1930; nos enteramos de que está en venta. Al parecer el presidente Saakashvili ha decidido que puede prescindir del poder legislativo porque con el ejecutivo le basta, así que quiere cerrarlo y trasladarlo a Kutaisi, donde le estorbará menos.

Vista de Tbilisi (Georgia)
Vista de Tbilisi (Georgia)

Otros edificios del mismo estilo también están en venta, como la antigua central de correos. También nos encontramos con una iglesia llamada Kashveti, (de la piedra), cuyo nombre se debe a una fantástica leyenda antigua: se cuenta que un monje del siglo VI fue acusado por una monja de haberla dejado embarazada; como castigo a su calumnia, la mujer finalmente dio a luz una piedra. La construcción actual data de 1910 y en el vestíbulo hay pinturas murales que describen el saqueo e incendio de la ciudad por guerreros árabes. Se está preparando la Paska, periodo del culto cuyo calendario coincide con el de nuestra Semana Santa; hoy es la víspera del Domingo de Ramos y a la puerta de las iglesias se ve mucha gente (mujeres casi todas) vendiendo ramas de boj y otras plantas.

Después de comer quedamos con Antonio, un joven de Madrid que se ha casado con una georgiana y desde entonces reside en Tbilisi mientras espera a que la lentísima burocracia española convalide su matrimonio. Nos lleva a ver laCatedral de Tsaminda Sameba (Santísima Trinidad) que es el templo más grande y moderno de Georgia. Parece ser que la Paska ha comenzado en serio porque la catedral, que es inmensa, está llenísima de gente y apenas podemos movernos, así que lo dejamos para otro día.

Nos vamos a recoger a Nelly, la esposa de Antonio, y vamos a uno de los parques que hay en lo alto de las colinas que rodean Tbilisi y después a un restaurante de ambiente folclórico. Observando las mesas vecinas empezamos a comprender la importancia que los georgianos dan a la ceremonia de los brindis: siempre que se sientan a comer un cierto número de personas (y 4 quizá sean suficientes) debe haber una que cumpla la función de tamada o maestro de brindis. El tamada ordena que se llenen los vasos y cuando lo considera oportuno propone un brindis, para lo cual pronuncia un discurso que puede durar varios minutos; sólo cuando ha terminado los comensales pueden asentir y beber.

En las ceremonias más tradicionales se bebe en cuernos de vaca (que se venden en todos los mercadillos) y entonces no hay más opción que vaciarlos de un trago ya que no se pueden depositar en la mesa si no están vacíos. Sólo se puede brindar con vino o algo más fuerte, hacerlo con cerveza se considera totalmente inapropiado. Aunque al final de la comida lo más probable es que todos los asistentes estén borrachos, el tamada nunca se olvidará de cerrar el acto con un brindis solemne por los familiares y amigos ya fallecidos.

En el restaurante al que nos han llevado hay muchos grupos cumpliendo con estos ritos, el ambiente está muy animado, hay música en vivo y a veces saltan chicos y chicas jóvenes a bailar. A pesar de ir bastante cocidos ejecutan las danzas tradicionales con una agilidad sorprendente.

Día 3: TBILISI

Avlabari

Avlabari

Antonio se ha ofrecido a llevarnos en coche a Mtskheta, pero el día amanece frío y muy lluvioso, así que preferimos quedarnos en la parte vieja de Tbilisi. Cruzamos el puente que lleva al barrio de Avlabari, que está en lo alto de un promontorio que domina el río desde unas espectaculares paredes rocosas. Aquí se encuentra la iglesia de Metekhi, probablemente la más antigua de la ciudad; no conseguimos entrar porque es pequeña y se encuentra totalmente atestada de fieles, pero desde la entrada podemos ver toda la ciudad antigua: la fortaleza de Narikala con sus iglesias, la estatua alegórica de la Kartlis Deda (Madre Georgia), la catedral y un palacio que el presidente Saakashvili se ha hecho construir, con una cúpula que imita a la del Bundestag de Berlín, nada menos.

Volvemos a cruzar el río y vamos derechos a la catedral antigua, llamada Sioni. Aquí se venera la Cruz de Santa Nino, que no se puede ver porque está oculta en el interior, pero se supone que fue construida por la santa con ramas de viña atadas con sus propios cabellos y que por tanto data del siglo IV. En el iconostasio hay una réplica que nos permite reconocer la extraña forma de esta cruz, que por lo demás está representada en todas las iglesias del país.

Las iglesias georgianas no tienen bancos, eso permite que mucha gente pueda entrar a escuchar los cantos religiosos y hacer fila hasta que un sacerdote les da su bendición, a ellos y a las ramitas de boj que llevan en las manos. A la salida hay otros ministros de la iglesia que imparten una especie de comunión: meten en la boca de los fieles una cucharilla (siempre la misma) con algo que no identificamos y a continuación les dan a beber vino en un vaso de plástico (también el mismo para todos) y sus monaguillos además reparten pastelitos. Creo que en las iglesias ortodoxas es costumbre comulgar una sola vez al año o como mucho dos y que por eso lo organizan con mucho aparato.

Pasamos un buen rato viendo el ambiente en otras iglesias antiguas del barrio y luego nos vamos a comer a la zona deMarjanishvili, en la parte moderna de la ciudad.

Por la tarde decidimos ir a los baños. El nombre de Tbilisi significa caliente y se refiere a las aguas termales que surgen del subsuelo. Los baños están concentrados en un lugar céntrico que se llama Abanotubani y se reconocen por los grupos de cúpulas de piedra parecidas a las de los hammami turcos.

Abanotubani

Abanotubani

 

Hay baños con salas privadas muy lujosas y caras que se alquilan por horas pero nosotros vamos directamente al balneario Orbeliani, el establecimiento más antiguo. Este popular balneario tiene una curiosa fachada adornada con azulejos que imita a las mezquitas y medersas de Uzbekistán y entre sus clientes ilustres se cuentan los escritores Alexander Pushkin y Alejandro Dumas (padre). Los hombres pagan 3 GEL y las mujeres sólo 2 GEL, pero en seguida nos damos cuenta del motivo: la planta de los hombres dispone de piscina, aunque pequeña y no muy limpia, y también una sauna estrecha y resbaladiza, mientras que la de las mujeres sólo tiene duchas y sauna. En estos baños de estilo ruso todo el mundo se desviste en un vestuario, dejan sus cosas en un armario y entran desnudos, no es costumbre cubrirse con toallas ni mucho menos usar bañadores. Hay servicio de masajes, pero el sitio me parece tan cutre que renuncio y me marcho después de ducharme con el agua caliente y sulfurosa. La verdad es que el famoso baño de Tbilisi nos decepciona a ambos; en el mismo estilo era mucho mejor uno que visitamos en Bishkek, la capital de Kirguizistán.

Cenamos cerca del Ayuntamiento y nos tomamos una copa en un local que ofrece jazz en vivo, el Café Kala, en el pequeño ghetto turístico oficial de la calle Erekle II. Es caro y nada del otro jueves.

Cafe Kala

Cafe Kala

 

Día 4: TBILISI

De nuevo amanece lloviznando, pero hoy nos animamos a hacer una excursión larga hasta las cuevas de Davit Gareja. Vamos en el Metro a la estación de autobuses de Didube, pero después de preguntar por todos lados no encontramos un transporte colectivo y optamos por contratar un taxi (80 GEL).

El camino de ida lo hacemos por la carretera principal que va hacia el este, desviándonos al sur una vez pasada la ciudad de Sagarejo, pero una vez allí el taxista se informa mejor y se decide a volver por la estrecha carretera de Rustavi.

Cuevas de Davit Gareja Georgia)
Cuevas de Davit Gareja Georgia)

Davit Gareja es un conjunto de monasterios que fueron fundados en el siglo VI por monjes sirios que excavaron muchas cuevas en la ladera de la montaña. El conjunto principal es elmonasterio de Lavra, que conserva cuevas originales y las tumbas de algunos de sus fundadores. A su alrededor se fueron levantando otras dependencias, murallas y torres defensivas que forman un bonito conjunto. Este recinto fue destruido varias veces por invasores musulmanes y en la época soviética estaba deshabitado, pero tras la independencia ha vuelto a ser ocupado por una comunidad monástica, como muchos otros monasterios del país. Los monjes tienen unas dependencias reservadas y desde fuera se les oye cantar y orar, por lo demás estamos solos y podemos pasear y observarlo todo tranquilamente. En conjunto es un sitio muy bonito en un paisaje duro, casi desértico, sin apenas árboles.

Subimos por una ladera empinada hasta el antiguo monasterio de Udabno, en ruinas. La subida a la montaña es un poco dura, pero merece la pena por las vistas, desde lo alto se ven unas vastas praderas que son ya territorio de Azerbaiyán. En medio del caos de piedra en que se han deshecho los antiguos muros, ábsides y bóvedas se pueden ver aún muchos restos de murales que representan escenas de la Biblia.

En el camino de vuelta nos damos cuenta de la inmensidad de estas praderas casi desiertas, sólo vemos algunos rebaños aislados y también unos soldados que nos piden tabaco. Es zona militar de frontera y más tarde unos españoles nos contarán que tuvieron un incidente con la tropa, a la que fotografiaron mientras hacían ejercicios militares.

Pasamos por la antigua ciudad industrial de Rustavi, que ahora parece más bien una ciudad fantasma. Los complejos metalúrgicos de la época de Stalin están totalmente abandonados y sólo sirven como fuente de chatarra para la exportación.

Rustavi

Rustavi

 

De vuelta en Tbilisi pasamos la tarde paseando por la fortaleza de Narikala hasta la escultura de la Madre Georgia y descubriendo otros edificios históricos del barrio antiguo.

Kartlis Deda (La madre de Kartli)

Kartlis Deda (La madre de Kartli)

 

Cenamos cerca de Abanotubani, en un restaurante con música en vivo donde presenciamos una escena curiosa: hay una familia georgiana a la que acompaña un tipo alto que parece norteamericano; en cierto momento el padre de familia se levanta y se pone a bailar solo frente a los músicos y aunque va más o menos borracho se defiende con bastante dignidad, de paso nos damos cuenta de que es un policía y va armado. El norteamericano no sabemos qué ventolera le da que se levanta a su vez e intenta imitar al otro, pero va tan perdidamente borracho que no sólo se cae sino que no consigue levantarse porque se ha hecho un esguince o algo peor. Consternación en el grupo, que no sabe qué hacer ni a quién acudir para solucionar el desaguisado y que a duras penas consiguen evacuar en volandas al lesionado que no deja de maldecir en inglés.

Alojamiento y comida en Tbilisi: en Tbilisi nos alojamos todos los días en el Hotel David. Reservamos por medio de correos electrónicos y nos cuesta 60 € por noche con desayuno. Al principio nos parecía caro, pero luego preguntamos en algunos hoteles de Avlavari y todos eran más caros sin ser mejores. Para encontrar algo más barato hay que subir bastante colina arriba o probar en las casas de huéspedes familiares de Marjanishvili. En el David las habitaciones son amplias y muy limpias, la nuestra es exterior, pero por las noches el tráfico se paraliza totalmente y no hay ningún ruido, además el desayuno a la carta está bastante bien y nos sirven el mejor café de estilo turco que he probado nunca.

Los restaurantes no escasean y los hay de diversos estilos. Los folclóricos, pensados para grupos grandes, se concentran en una zona alejada del centro histórico que no llegamos a identificar bien porque nos lleva Antonio en su coche, creo que lo llaman Puente de Dagomir o algo así. Explorando otras zonas encontramos locales en los que se come bien, por ejemplo los de la cadena Sheimokede Genatsvale o el Dzveli Shakli, ambos muy recomendados en la guía LP. Pero nuestro favorito acaba siendo uno de los restaurantes populares instalados en sótanos de una calle lateral del Ayuntamiento; en estos locales se sirve vino a granel (en jarras grandes), variedad de ensaladas y fiambres, khinkali (grandes raviolis rellenos de carne y cebolla), shaslik (brochetas al estilo ruso), etc, todo bastante bueno y barato. Para matar el hambre en ratos perdidos nada mejor que los khachapuri, tortas de queso cocidas en el horno que se encuentran por todas partes, lo mejor es comprarlas recién hechas en los hornos que todavía abundan en la ciudad vieja.

Día 5: TBILISI – MTSKHETA- TELAVI

Hace un día soleado y Antonio viene a recogernos a las 10h para llevarnos en coche a Mtskheta, que está a unos 20 km. Por el camino vemos una especie de campamento hecho de casitas de chapa en el que todavía viven muchos refugiados de la guerra de Abjasia.

Mtskheta

Mtskheta

 

Mtskheta es el corazón espiritual de Georgia desde los tiempos de la conversión de los reyes del país, allá por el siglo IV, cuando ya era su capital y decidieron construir la primera catedral, que lleva el complicado nombre de Svetitskhoveli (El pilar viviente). El origen de la santidad del lugar se explica por una leyenda según la cual un judío del siglo I, llamado Elioz, regresó de una peregrinación a Jerusalén trayendo consigo la túnica sagrada que llevaba Cristo antes de la crucifixión. La hermana de este hombre, Sidonia, se emocionó tanto al ver la reliquia que se abrazó fuertemente a ella y murió. Fue imposible arrancar la túnica de manos de la difunta, de modo que decidieron enterrarla tal como estaba y cuando el rey Mirian decidió construir la catedral en el lugar de su sepultura ya nadie se acordaba de su localización exacta. Plantaron un pilar de madera al azar y por la noche Santa Nino, que había conseguido la conversión de los reyes gracias a sus muchos milagros, realizó otro tras una noche de vigilia y oración: el pilar de madera se elevó y se puso en marcha hasta situarse en el punto deseado.

Svetitskhoveli

Svetitskhoveli

 

La iglesia actual es de piedra y data del siglo XI; sin duda es una de las más bellas y grandiosas de Georgia y por supuesto está muy concurrida en estas fechas. Vale la pena observar con detenimiento la decoración interior, que conserva frescos y relieves en piedra muy antiguos, entre ellos los que adornan el famoso pilar. Mientras paseamos por el patio exterior se forma un pequeño revuelo a las puertas de la catedral y en seguida vemos llegar una comitiva de coches negros. Se baja (o más bien ayudan a bajar) un anciano encorvado y vestido de negro que se abre paso, escoltado por religiosos y guardaespaldas, entre dos largas filas de fieles que reclaman su bendición, de lo cual deducimos que se trata de Elías II, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Georgia.

Gracias a que disponemos de vehículo no tenemos que hacer filigranas para visitar el otro gran monumento de la ciudad: elmonasterio de Jvari (La Cruz), situado en una colina a la que sólo se puede subir o bien por un sendero largo y rompe-piernas o por una carretera que da un rodeo de muchos kilómetros.

Para muchos georgianos, Jvari es todavía más sagrado que la catedral del pueblo que se extiende a sus pies, porque sobre esta colina, visible desde todo el amplio valle del río Mtkvari, la mismísima Santa Nino plantó una gran cruz de madera. Actualmente lo que hay es una iglesia de piedra adornada con unos pocos iconos y atendida por un puñado de monjes; las vistas son impresionantes no sólo sobre el valle sino que alcanzan a los picos nevados de Kazbegi, otro de los atractivos turísticos de Georgia.

Santa Nino es un personaje en el que se funden historia y leyenda; se la supone pariente de San Jorge y, aunque es este el patrón oficial de la iglesia georgiana, en realidad la devoción de la santa está mucho más extendida y Nino es el nombre que predomina entre las mujeres de Georgia.

Tenemos prisa por salir a conocer otras regiones del país, así que volvemos a Tbilisi y paramos a comer en la zona deAbanotubani antes de ir a la parada de marchrutkas de Ortachala, allí nos despedimos por el momento de Antonio y embarcamos en una furgoneta con destino a Telavi, una de las ciudades de la región de Kakheti, famosa por sus viñedos y bodegas. El trayecto dura 2 horas y media y nos cuesta 7 GEL por persona.

Alojamiento y comida en Telavi: nos alojamos en una guesthouse que está en la guía LP. Es la casa de la familia Tushishvili (40 GEL, dos personas con desayuno). Los dormitorios están ya ocupados (hay muchos turistas israelíes porque la Pascua también es fiesta allí) y lo que nos dejan es en realidad el salón, donde han instalado fácilmente camas porque hay sitio de sobra. La pieza está decorada con muebles antiguos y contiene cantidad de libros, armas y otros objetos curiosos.

No sirven más comidas que el desayuno (esto no lo dice la LP), así que perdemos horas tratando de encontrar un restaurante en la ciudad; al final en un bar de copas nos sirven unos khachapuri y solucionado el problema.

Día 6: TELAVI – SIGHNAGHI

Nos levantamos temprano. Telavi fue una ciudad importante en el pasado y conserva una ciudadela que alberga un museo, pero no nos detenemos a verla porque abre tarde y tenemos prisa por ir a los monasterios de Alaverdi e Ikalto; nos conformamos con las vistas de las cimas del Cáucaso que se ven desde el parque.

Cogemos una marchrutka que nos deja ante la puerta del monasterio de Alaverdi, que data del siglo XI y fue durante un milenio la iglesia más alta de Georgia (hasta la construcción de Sameba en Tbilisi). La restauración del edificio está muy avanzada y todavía hoy impresiona su elegante cúpula central sostenida sobre un estilizado tambor, que es lo que le permite alcanzar una altura de 50 metros. El interior de la iglesia contenía magníficos frescos pero en algún momento de la Historia fueron pintados de blanco y ahora su recuperación es ya muy difícil; el mejor conservado es una especie de retablo de San Jorge que está en la parte exterior del pórtico.

Los monjes dirigen unos trabajos de restauración que llevan a cabo voluntarios seglares y que afectan a todas las dependencias del monasterio: celdas, almacenes, bodegas, huertos, etc. Intentamos que nos permitan visitar la bodega, pero no tenemos suerte, así que salimos a esperar otra marchrutka que nos dejará en el desvío del monasterio-academia de Ikalto. La furgoneta que nos para va muy llena y es de techo bajo así que nos colocamos con las cabezas agachadas en los asientos plegables cercanos a la puerta. Frente a nosotros viaja una joven guapísima y cuando lo comentamos ella sonríe y dice: Muchas gracias. Es una georgiana que trabaja en la hostelería en Alicante y ha venido a visitar a su familia antes de incorporarse a la temporada alta del turismo.

El monasterio de Ikalto, además de monasterio, fue una de las academias que los reyes locales (Kakheti tuvo reino propio) fundaron para expandir las doctrinas filosóficas asociadas al cristianismo. Se supone que aquí estudió el gran poeta nacional Shota Rustaveli, que vivió en el siglo XII. El complejo está siendo restaurado por una empresa de telefonía y comprende los elementos habituales: un par de iglesias, bodega, almacenes y el edificio que albergaba las aulas de estudio.

El paseo de 2 km hasta la carretera es agradable y decidimos prolongarlo por las aldeas vecinas en busca de una bodega moderna o antigua que admita visitas, pero no tenemos suerte y volvemos a Telavi a buscar nuestro equipaje. Contratamos un taxi (60 GEL) para que nos lleve a Gremi y Kvareli y depués terminar la etapa en Sighnaghi, la otra capital de Kakheti.

La ciudad de Gremi fue destruida por los persas en el siglo XVII y se perdió la mayor parte de su rico patrimonio, pero se salvóla ciudadela, situada en una colina rocosa. El conjunto incluye una iglesia con frescos del siglo XVI y un palacio fortificado, ambos muy bien restaurados, pero tenemos que abreviar un poco la visita porque hay tormenta y empieza a llover con fuerza.

En Kvareli también hay un castillo pero la principal atracción es el museo instalado en la casa natal del escritor Ilya Chavchvadze. Este personaje vivió entre los siglos XIX y XX y su figura es muy importante para la cultura local aunque ha sido poco traducido a otras lenguas. Nos empapamos durante horas de la vida y milagros del amigo Ilya en la exposición que ocupa un edificio vanguardista y después vemos lo que queda de la casa antigua, que se limita a una torre de defensa en medio del jardín (en el siglo XIX eran frecuentes los ataques de bandidos) y una bodega que todavía se usa para producir vino en la fiesta anual que se celebra en septiembre.

Estas bodegas tradicionales reciben el nombre de marani y constan de una gran pileta donde se pisa la uva y conductos que dirigen el mosto hasta grandes depósitos excavados en el suelo. La fermentación rápida de este jugo, sin despalillar y conservando los hollejos, es lo que distingue todavía hoy a los vinos georgianos más comunes.

A la salida de Kvareli también nos permiten visitar una bodega más moderna, que está cerrada por reformas. Se trata deKindzmarauli, la mayor instalación vinícola del país ya que ocupa unos 10 km de túneles excavados en una colina. El proyecto de reforma pretende que el vino pueda circular en tubos de vidrio desde las cubas de 20.000 litros hasta un vestíbulo en el que habrá una sala de catas. Ha estado lloviendo intermitentemente, pero el tiempo mejora cuando nuestro taxi sube las bellas colinas boscosas que conducen a Sighnaghi.

Alojamiento y comidas en Sighnaghi: esta ciudad es un referente turístico y hay muchos hoteles, pero voy preguntando en unos cuantos y son todos muy caros y además muchos están llenos. Finalmente recurrimos a la lista de casas de huéspedes que hay en la LP y llamamos por teléfono, gracias a la tarjeta SIM que compramos en Tbilisi (3 GEL más lo que quieras como saldo), a la de la familia Zandarashvili. El número resulta ser correcto y al cabo de 15 minutos el abuelo Zandarashvili viene a recogernos en un viejo Lada y nos lleva a su casa, que está a pocos metros de una de las puertas de la muralla.

Es una casa vieja y destartalada, pero muy acogedora y llena de detalles pintorescos. En cuanto desembarcamos nuestro equipaje somos llamados a la mesa, que está ya ocupada por parejas de turistas, casi todos israelíes. La cena es deliciosa, aunque la única carne que hay son unos pinchitos de carne picada, la variedad de ensaladas y platos vegetales es casi ilimitada. Las jarras de vino blanco y tinto (más bien clarete) tampoco tienen fondo y además el pícaro abuelo enseguida viene a tentarnos con una frasca de chacha, el aguardiente de orujo hecho en casa. Este licor es capaz de tumbar a un rebaño de elefantes, así que los turistas somos presa fácil y caemos redondos para no levantarnos hasta el desayuno. Pagamos 35 GEL por persona en media pensión.

Día 7: SIGHNAGHI – GORI

Amanece un día espléndido, desayunamos junto al balcón en el que se secan varios jamones, paletillas, lomos y pancetas y a continuación salimos a dar una vuelta.

En Sighnaghi se ha invertido mucho para crear la sensación, un poco falsa, de ciudad medieval bien restaurada y mantenida, hay calles peatonales adoquinadas y los edificios del centro lucen impecables (fuera de las murallas en cambio abundan las chabolas). Hay incluso una colección de originales esculturas metálicas repartidas por las plazas.

A pesar del calor nos animamos a salir andando hasta el convento de Bodbe, a unos 3 km. Aquí está enterrada Santa Nino y la comunidad que lo ocupa es de monjas; llegamos al final de una ceremonia muy concurrida, las monjas están cantando y hay muchas mujeres que entran y salen a ratos para descansar ya que la ceremonia ha durado varias horas. Cuando la cosa se despeja un poco entramos a ver el sepulcro, que es muy sencillo, y las pinturas del siglo XIX que adornan los muros.

En los alrededores hay una fuente que se considera milagrosa, pero no nos tienta y además tenemos algo de prisa; aprovechamos un taxi que permanece ocioso a la entrada para volver a la ciudad y recoger nuestro equipaje en casa de Zandarashvili. El abuelo nos lleva a la plaza en la que paran las marchrutkas con la esperanza de reclutar nuevos clientes; nos despedimos de él y sacamos billete a Tbilisi (12 GEL).

En la estación de Didube de Tbilisi damos unas cuantas vueltas por las calles llenas de barro y baches hasta encontrar un autobús que nos lleve a Gori. Hay que sacar billete en ventanilla, pero no sabemos si salen a horas fijas porque en un par de minutos se llena completamente y salimos (supongo que el destino final es Kutaisi o Batumi). En 2 horas nos plantamos en la patria chica de Stalin y sabemos dónde hay que bajar porque no en todas las ciudades de 50.000 habitantes hay una arteria tan desproporcionada como la Stalinis Gamziri.

Gori es una especie de fantasía arquitectónica modelada para mayor gloria del gran dictador soviético, pero toda grandeza se concentra en una avenida de varios kilómetros en la que se alinean inmensos edificios oficiales: museo, ayuntamiento, un hotel Intourist que todavía funciona, bancos y otros equipamientos. El resto de la ciudad consta de degradados barrios de casitas ruinosas y una colina que alberga una fortaleza antigua sin mucho interés. No encontramos ni un solo cibercafé.

Alojamiento y comidas en Gori: el Intourist nos intimida un poco desde fuera, así que optamos por el Hotel Victoria, que está cerca del extremo sur de la avenida, antes del puente que cruza el río Mtkvari. Nos cuesta encontrarlo varios paseos arriba y abajo porque no hay indicaciones fuera del bulevar y la gente no se entera mucho de lo que les preguntamos. El hotel está vacío y, como buena creación soviética, tiene algo de siniestro, pero en general no está mal. Nos cuesta 80 GEL sin desayuno.

Para cenar hay varias opciones y nos decidimos por un restaurante que hemos visto no muy lejos del hotel, en la Avenida Stalin. Es un local decorado en estilo rústico, con muchas piezas de caza disecadas.

Al entrar contemplamos una escena a la que ya nos vamos acostumbrando: un cliente intenta levantarse y no lo consigue porque las piernas no le sostienen; su amigo intenta ayudarlo pero como también va muy perjudicao no consigue arrastrarlo. Al final interviene el camarero, que a duras penas logra poner a ambos en la calle.

Nada más sentarnos nos mosqueamos un poco con las chicas porque nos dicen que no hay vino a granel, que si vemos beberlo a algunos clientes es porque lo traen ellos mismos (y quizá sea verdad, por extraño que parezca), al final elegimos un vino embotellado que cuesta 15 GEL y la cena es aceptable. Nos empeñamos en dar un paseo nocturno, sopla un viento gélido y los bares que quedan abiertos en la desierta avenida son como oasis inhóspitos porque también están casi vacíos. Nos retiramos temprano.

Fuente: https://viajararatos.blogspot.com/

Publicado en  28/02/2012

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